Vamos a compartir algunas reflexiones acerca del trabajo en red, que es por supuesto la base de las actividades de Letra Viva. |
Pensamos mucho en el tema varios años atrás cuando recién se formó la red. Consideramos que es importante volver a considerarlo en esta, la segunda década del milenio, en parte porque el contexto ha cambiado. Además, contamos con nuevos miembros de la red y una nueva generación de editores y ‘publicadores’.
¡Empecemos con las ventajas pragmáticas de un trabajo en red! Cada uno enfrenta retos enormes en nuestro continente. Podemos afirmar que el trabajo en red aumenta la efectividad de cada ministerio en por lo menos tres maneras.
En primer lugar, a nivel de actividades y acciones. Vivimos en un mundo tan complejo que solo trabajando unidos y compartiendo recursos y sabiduría dados por Dios podremos cumplir nuestra misión.
Eclesiastés 4:9-10 dice “Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!”
Como dice el refrán ‘la unión hace la fuerza’. Como siempre hemos dicho, la red Letra Viva existe ‘para hacer juntos lo que no podemos hacer por aparte’. Este año celebramos los primeros 10 años del Centro de Despacho en Miami. En gran parte la permanencia del Centro se debe a la participación de varias editoriales. Individualmente algunos han pasado por crisis, pero basado en el conjunto de varios miembros, el Centro no solamente ha sobrevivido, pero ha servido para dar más fuerza a las editoriales.
Otro ejemplo importante de una actividad mancomunada es la participación en ferias de libro, como Expolit.
Luego el trabajo en red permite intercambiar ideas, compartir diferentes formas de trabajar, evaluar estrategias, aprender de errores y éxitos de otros y proveer propuestas para actividades futuras.
Proverbios 13:10 dice “El orgullo sólo genera contiendas, pero la sabiduría está con quienes oyen consejos.”
La publicación exitosa de libros en nuestro continente tiene tantas facetas. Nadie es experto en todo ni cuenta con soluciones mágicas. Una característica de la red ha sido el espacio de intercambio y aprendizaje, por ejemplo en las consultas anuales. En la primera consulta, cuando todavía no nos conocimos, hubo cierto recelo durante los primeros dos días. Todos presentamos el ministerio como cierto orgullo como si fuera lo máximo, un éxito rotundo. Felizmente, algo cambió, se rompió el hielo, y pronto todos empezamos a compartir los retos y fracasos, y por cierto, los logros y las buenas ideas que el Señor nos había dado.
Es muy grato presenciar los intercambios cuando gente con más experiencia se dispone a compartir experiencia con los más nuevos, pero también cuando tiene la capacidad de escuchar y recibir con humildad sugerencias de aun los novatos.
En tercer lugar, un trabajo en red facilita y motiva a mejorar la mayordomía y eficiencia en nuestras instituciones, a compartir recursos, reduciendo duplicación de trabajo y reduciendo pérdidas de recursos humanos y materiales.
Con una comunicación fluida entre miembros, hay menos riesgo de publicar libros que duplican otros existentes. Han habido varias experiencias positivas de coedición de libros entre dos o más editoriales, acuerdos de distribución, hasta compartir editores y diseñadores.
Tito 3:14 dice “Que aprendan los nuestros a empeñarse en hacer buenas obras, a fin de que atiendan a lo que es realmente necesario y no lleven una vida inútil”. Nadie quiere perder el tiempo publicando libros que no sirven para nada. Tenemos grandes retos en el continente, y anhelamos producir libros que cambian vidas y dan gloria a Dios.
En este primera nota hemos tocado el aspecto más pragmático del trabajo en red. La semana que viene miremos el tema de otra perspectiva. Por el momento, valdría la pena reflexionar:
1. ¿Estamos aprovechando al máximo de las actividades de la red, que nos pueden ayudar a crecer? y ¿existe otras cosas que podemos hacer en conjunto?
2. ¿Estamos abiertos a recibir sugerencias para mejorar la efectividad del ministerio? Igualmente, ¿estamos dispuestos a compartir nuestra experiencia con otros?
3. ¿En qué manera podemos compartir recursos y oportunidades con otros, para beneficio mutuo?
Vimos que un trabajo en red aumenta la efectividad de cada miembro, en por lo menos tres formas:
1) hay actividades y acciones, de beneficio para todos, que son solamente factibles con un trabajo mancomunado.
2) por medio de la cercanía con ministerios que comparten un enfoque parecido, los miembros pueden conocer nuevos modelos de trabajo, recibir consejos y compartir ideas. Finalmente,
3) existen oportunidades de compartir recursos, por ejemplo, cuando una editorial puede brindar servicios de diseño gráfico o distribución a otra cada editora, posiblemente de otro país.
Estos son algunas ventajas de un trabaja en red. Como dicen los economistas, permite una relación ‘ganar-ganar’. Así que no hay nade que perder en el trabajo en equipo.
Pero existen otras razones, fuera de las netamente pragmáticas, por trabajar en red. En particular, es una manifestación del Cuerpo de Cristo.
Sería demasiado ingenuo pensar que vamos a ser completamente iguales - la existencia de tantas denominaciones durante la historia del cristianismo lo pone en manifiesto. Pero sí podemos reconocer que somos parte de un solo cuerpo y hacer nuestra parte en presentar un buen testimonio de cooperación al mundo.
En Juan 17 leemos “No ruego sólo por éstos.
Cada vez que participamos en la Santa Cena reconocemos la realidad de la iglesia: “Ese pan que partimos, ¿no significa que entramos en comunión con el cuerpo de Cristo?” (1Corintios 10:16)
Compartimos una misma meta: “de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo.” (Efesios 4:12)
En mis contactos con gente del mundo editorial secular, les llama la atención que los miembros de Letra Viva puede trabajar hombro a hombro. Damos gracias a Dios por el buen testimonio de cada uno de los miembros, y pedimos al Señor que nos ayude a reconocer y valorizar los diferentes miembros del cuerpo y entender mejor como trabajar en harmonía, especialmente con los menos fuertes.
Como cristianos, somos parte del mismo cuerpo de Cristo, y por ende debemos reconocer los lazos que nos conectan.
En esta tercera y última parte, veremos el tema desde otra óptica, la de la formación personal de cada uno de nosotros, y el beneficio a nuestra persona.
En la segunda carta a los corintios, Pablo enfrenta a los que asumieron aires de superioridad al mismo apóstol: “¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado?” (I Corintios 4.7)
¿Cómo es posible - dice Pablo - que pueden considerarse superior, cuando todo que tienen vienen de regalo de Dios, por medio de otros? La implicancia pastoral de la realidad del cuerpo de Cristo es la humildad: no tenemos nada que no hemos recibido de parte de otros. Claro que algunos han trabajado más que otros, pero solo Dios puede juzgar el corazón del hombre e identificar lo que motiva el trabajo.
No digo que eso pasa en Letra Viva, pero en el mundo editorial es posible que algunos se sienten más ‘exitosos’ o superiores, porque su editorial experimenta mayor crecimiento o solidez financiera. En realidad los factores que coadyuven al crecimiento son tantos e incluyen el contexto nacional en la cual estamos inmersos. La destreza profesional y el trabajo duro son factores, pero no garantizan el éxito.
El contacto cercano con hermanos de otras situaciones y contextos, quizás más problemáticos, nos ayuda a reconocer nuestra dependencia en Dios con humildad. Ayuda a mantener un enfoque sano de nosotros mismos y de nuestro ministerio.
Una de las muchas consecuencias de humildad es la generosidad, porque reconocemos que lo que tengo no es mío, sino que soy mayordomo de un regalo de Dios.
El personaje Uriah Heep de la novela ‘David Copperfield’ escrita por Carlos Dickens se proclama ‘humilde’ pero es una fachada para encubrir la ira y la avaricia que siente en presencia de los más afortunados. La humildad en el sentido bíblico es muy diferente. Es una actitud de corazón que se expresa en interés genuino al otro.
Estas dos elementos de la generosidad y la preocupación por otros se encuentra en Proverbios 11:25 “El que es generoso prospera; el que reanima será reanimado.”
El trabajo en red, pues, tiene beneficios prácticos para todos, es una consecuencia de ser miembros del cuerpo de Cristo, y trae beneficios a nivel personal para todos.
Pensemos entonces en la puesta en práctica de ‘hacer redes’. Puede haber muchos opciones; algunas sugerencias son:
1. Orar el uno por el otro
2. Animar a otros en la Red: a través de cartas, llamada, un correo electrónico
3. Estar atento a oportunidades de trabajar juntos: por medio de una co-edición, co-distribución
4. Estrechar la mano: comunicar un contacto, dar un consejo, ayudar a distribuir libros
5. Contribuir algo a la Red: en un grupo de trabajo por ejemplo, la organización de una actividad, el centro de Despacho o con el sitio web…
6. ‘Adoptar’ un ministerio más frágil de otro país.
Que el Señor nos ayude a plasmar una solidaridad firme, como muestra de la realidad del Cuerpo de Cristo, y para dar honra y gloria a Dios.