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17 de septiembre de 2014
José Saramago y el Evangelio ateo

No es cosa de todos los días tener enfrente, en carne, sangre y espíritu, a uno de esos pocos elegidos que reciben el Premio Nóbel. Menos aún si se vive en una estrecha islita del Caribe y marcada, para colmo, por varios de los más influyentes medios de comunicación universales con el estigma de "la oveja negra".

Esto debió motivar a tanta gente que se sobrepuso al sacrificio de reunirse, bajo un sol inclemente como furia divina, en los alrededores de la Plaza de Armas, en la Habana Vieja, esperando el arranque del habitual espacio del Sábado del Libro. Junto a la curiosidad, impulsaba el conocimiento del lector cubano acerca de la obra del invitado excepcional.

Nunca he escuchado hablar de "puntualidad lusitana", pero José Saramago parece practicarla y a las 10:55 AM, con cinco minutos de antelación a la hora prevista, arribó junto a su esposa Pilar a los portales del Palacio del Segundo Cabo. Y a las 11:05, con una demora por esta vez pequeña, imputable a la conocida displicencia latina, comenzó el lanzamiento de la edición cubana de El Evangelio según Jesucristo.

La periodista Magda Resik, primera en tomar la palabra, advirtió que la novela ya se había vendido antes en febrero, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana, siendo una de las más vendidas. En la mesa, además del escritor, la acompañaban Abel Prieto, ministro de Cultura cubano y Omar Valiño. A este tocó hacer la introducción, con la lectura de su ensayo Lo que me enseñas no es prisión, es libertad.

En los noventa, años difíciles para todos los cubanos, "descubrí a Saramago y su literatura me ayudó a sobrevivir", confiesa Valiño en su texto, que luego analiza con precisión la novela del Evangelio. "Como Dios, el narrador observa desde el Cielo", más para permitirnos "disfrutar a Jesús como hombre", y "la tribu a la que Saramago le habla se llama humanidad".

El autor de otros títulos publicados en Cuba, como Levantados del suelo, El año de la muerte de Ricardo Reis y Ensayo sobre la ceguera, "reinventa la literatura, nos hace olvidar todo lo que hemos leído sobre Jesús", amplía el orador y concluye que "su Cristo es un rebelde, un intérprete de las necesidades de su época" y la novela sirve perfectamente para "explicar el basamento ideológico de la civilización occidental".

Sobrio, con una camisa de finas listas azules y un pantalón beige, José Saramago expresa con modestia, llegado su turno, que poco tiene que agregar a las palabras espléndidas del joven escritor cubano. Luego, en su tono pausado y monótono, aunque convencido, y con un español fluido que sólo a veces se enrarece por causa de la dicción portuguesa, el autor optó por referirse a los orígenes de su novela.

Años atrás, cruzando una calle de Lisboa, pasó junto a un kiosco de periódicos y creyó leer este titular: El Evangelio según Jesucristo. Sorprendido, volvió sobre sus pasos y revisó la portada de todas las publicaciones sin encontrarlo. Este sería el germen de su pretensión de contar la historia de Jesús de Judea, el hijo del carpintero José, ungido más tarde por los discípulos como hijo de Dios, desde su propia perspectiva de hombre.

Cuando algunos católicos le aseguran que sólo pudo haber escrito su novela por inspiración divina, Saramago les replica que él ni siquiera cree en la vida eterna ni en una deidad trascendente. Y si los creyentes le ripostan que entonces no tenía ningún derecho a escribir ese libro, Saramago argumenta que de todos modos él tiene una "mentalidad cristiana", porque esa influencia forma parte de su herencia cultural y desde allí modela su ideología, ética y sentimientos.

Saramago encantó a los presentes con una disertación sobre las claves de su Evangelio ateo. Habló del pasaje bíblico de la matanza de los niños de Judea por Herodes y de su creencia en un sentimiento de culpabilidad en José el Carpintero, que se trasmitiría al hijo Jesús. "¿Heredan los hijos la responsabilidad de los padres?": esta pregunta está en el centro de su interpretación de las Escrituras.

Otro asunto que trata es el problema de la libertad. Saramago aboga por la liberación de Jesús de la imposición divina de la culpa y el castigo. "El hombre debe ser libre hasta de poderse castigar", dijo. Y reprochó a las religiones su "gusto mórbido" por las lágrimas, el martirio y la tortura, bajo la promesa de una redención en el más allá.

La relación amorosa entre Cristo y María Magdalena, explicitada en el plano carnal, ha sido uno de los aspectos más polémicos de su novela. Y Saramago apunta en defensa propia que la negación del cuerpo y la sexualidad sería, en todo caso, "una negación de la propia obra de Dios".

Sus palabras resonaron en la sede del Instituto Cubano del Libro como una crítica al espíritu dogmático y como un mensaje de atención sobre los problemas de su tiempo. "Matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino", afirmó. Y en otro momento: "No puede haber un Dios para los blancos y otro para los indios o negros. Si hay un Creador, sólo puede ser uno solo".

Ya al final relató una anécdota donde él, Adolfo Esquivel (argentino, Premio Nóbel de la Paz) y Wole Soyinka (escritor africano, Nóbel también), estaban en un evento en Barcelona que reunía a varios galardonados con el famoso lauro sueco. Se discutían los problemas de la enseñanza superior, y un científico norteamericano exhortaba a que se conciliaran las doctrinas "creacionista" y "evolucionista".

Menudo disparate, coincidieron en pensar las tres personalidades. Y ahora el autor portugués, que en su visita a la isla ha tenido la oportunidad de conocer las universidades cubanas, dice esperar "que cosas así no sucedan en Cuba" y que este país vaya "en dirección de una auténtica humanización".

Apagándose la voz embrujada de Saramago, y ya la enorme multitud congregada corría a los puestos de venta del libro y a la mesa donde el autor estamparía su firma.

Cual Jesús moderno aguantó estoico durante casi dos horas la larga fila. Dirigía al público su rostro de profeta, de una amabilidad imperturbable, y tras la portada de El Evangelio según Jesucristo, escribía simplemente: José Saramago.18.6.2005.

Fuente: EXCLUSIVO, 20/06/05